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domingo, 2 de agosto de 2009

Antú y Solsire

Antú era una niña inquieta que vivía en un hermoso pueblo sureño a los pies de la cordillera de los Andes, rodeado de un espeso bosque. Ella era muy inquieta y muy curiosa.
Antú tenía un afecto especial por Arimatu, la sabia del pueblo, ella siempre la motivaba a explorar la naturaleza. Un día que salió de paseo se encontró con un ave que pasó volando y que lucia un hermoso plumaje, decidió ver de donde venía. El ave volaba y Antú la seguía hasta que llegaron a un nido, con varios huevitos, que se encontraba en un árbol cercano. Luego Arimatu le contaría que esa ave tan hermosa era una golondrina.

Una hermosa mañana de primavera nació Solsire, pues se sentía muy incomoda al interior del huevo. Luego de algunas semanas se sentía muy deseosa de descubrir el mundo, lo que la llevaba al borde del nido, ella quería bajar y conocer más animales y decidió que estaba lista para aprender a volar.

Un día de primavera Antú invito a sus amigas a conocer el nido de golondrinas y de pronto vieron una muy pequeña golondrina que volaba y hacia muchas piruetas, y de pronto callo al río. Antú y sus amigas estaban tan concentradas con lo que le ocurría a la pequeña golondrina hasta que ya se puso el sol, y como el bosque era espeso, estaba muy oscuro. Pero Antú muy conocedora del bosque les dijo a sus amigas que no tuvieran miedo, ya que estas estaban muy asustadas pensando que estaban perdidas, pero Antú conocía muy bien el camino. Si las golondrinas y los demás animales no le temen a la noche nosotras tampoco, anuncio Antú, además Arimatu siempre nos ha dicho que en la noche ocurren las cosas mágicas.

Al mismo tiempo Solsire, la pequeña golondrina, regresó a casa con muchas preguntas, que no dudo en hacérselas a sus padres; Ayeka y Kazé ¿nos iremos algún día? Su madre le respondió que sí, pues no resistían el invierno. ¿Dónde?, preguntó Solsire; hacia el norte pues allí hay un lugar muy lindo. Y ¿cómo encontramos el camino correcto? o ¿y si uno de nosotros se pierde?; eso no ocurrirá, respondió su madre pues viajamos todos juntos, formados como la punta de una flecha, y a la cabeza va nuestra guía de vuelo, y eso significa que todas las golondrinas podemos ser alguna vez como ella, si estamos preparadas.

Antú un día salio a buscar flores, pero de regreso, comenzó a correr mucho viento, tanto que le impedía ver el camino de regreso a casa, hasta que de pronto recordó las enseñanzas de Arimatu “la fuerza no vence a la fuerza; busca la calma y te harás fuerte”. Antú se sentó a esperar hasta que el mismo viento trajo a sus oídos sonidos muy familiares, se paró de inmediato y logro llegar a casa. Luego fue donde la Sabia a contarle lo que había ocurrido y ella le dijo: ya sabes ahora que “lo adverso te puede favorecer”.

Ya había pasado el tiempo y la bandada de golondrinas comenzaba a organizar su viaje migratorio, el viaje en busca del sol estaba muy bien preparado.

Antú trabajaba en el campo en verano y un día se dio cuenta que su cesta, donde trasladaba el trigo estaba rota, y que había una golondrina que se acercaba a comérselo. Solsire reconoció de inmediato a la niña.
Al día siguiente, Antú dejo un puñado de trigo en el mismo lugar con la esperanza de que la golondrina volviera.
Solsire miraba desde una rama y se acerco a deleitarse con ese trigo.

A partir de entonces la niña y la golondrina se encontraron todos los días al amanecer.
Pero llego el momento en que la golondrina debía partir junto a la bandada y tenía una idea para agradecerle a la niña todo ese trigo que ella le había dado.

La mañana del día en que partiría, cuando llego la niña, Solsire descendió pero en vez de recoger el trigo, siguió de largo, y lo que hizo fue ir a tomar su lugar dentro de la bandada y todas juntas comenzaron a cantar. La trinada era el regalo mas hermoso que le podían dar.

Ya era la hora y las golondrinas emprendieron el vuelo.